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jueves, 28 de agosto de 2014

¿Mito o realidad? ¿SE AHOGAN LOS ARBOLES?





Uno de los mitos habituales es que hay especies que hay que regar poco. Esto es totalmente falso.
No hay ni una sola especie que disfrute con el castigo de la sed. Si la finalidad de racanearle el agua es reducir el tamaño de la hoja denota una pobrísima técnica del que esta usando este sistema. Adelgazar sin comer no requiere mucha inteligencia, tener una dieta equilibrada ya requiere algo mas de conocimiento.

Los procedimientos para esa reducción de la hoja son variados según la especie, pero no pasan por llevar a la planta al limite de sus fuerzas.







Ajustar el riego al limite crea problemas colaterales. Los dos más importantes son, la falta de renovación del aire en el sustrato que produce el riego y la reducción drástica de los nutrientes del abono que se transfieren al sustrato con el riego.  Ambos problemas si persisten son graves. 

















Otra idea habitual es que los arboles se pueden ¨ahogar¨ por estar encharcados y las raíces se pudren o enferman. Cierto, pero en ese caso el problema no es el agua, es la tierra, si una tierra retiene demasiada agua es que no es la apropiada, si es la correcta no le haría daño ni tener la manguera enchufada todo el día  Encontrar un sustrato equilibrado en función de la especie, la exposición  y las posibilidades de riego del aficionado es uno de los mayores retos del bonsaista.





Como veréis en los vídeos tenéis dos ejemplos, una sabina y un pino. La sabina lleva al menos cuatro años en esa maceta sin trasplantar, el pino al menos tres, la tierra drena hasta el punto de que aun sosteniéndole el riego sobre un punto a toda presión  el agua ni siquiera llega a rebosar. En este estado se consigue un gran eficiencia en el cultivo y es imposible que se pueda dar exceso de agua bajo ningún concepto. 














Esta pauta es general si bien en fases diferentes del cultivo hay ajustes en cuanto a granulometría de la tierra y frecuencia de riego teniendo en cuenta el aporte de abono que supone. 

Un riego de calidad no es una tarea simple, pero si es deficiente el vigor del árbol decaerá indefectiblemente hasta el punto de llegar a tener severos problemas que muchas veces se achacan a otros motivos. En ese estado de decaimiento con toda seguridad aparecerán los oportunistas,  hongos e insectos que se cebarán con ella ante su falta de defensas. 
Ojo con los cepellones compactos y tierras ya muy compactadas, son casi imposibles de regar. Pueden parecer regados superficialmente pero lo más probable es que parte del cepellón no reciba agua prácticamente nunca. 

Un riego deficiente es uno de los motivos más frecuentes de la debilidad de los arboles, hay que regar con calma, a fondo. 





Recuerda, el problema nunca es el agua, es el sustrato.